Alto Esperanza fortalece la protección de más de 57 mil hectáreas de bosque
Ángel González Rodríguez, jefe de la comunidad nativa Alto Esperanza, muestra el contrato de cesión en uso suscrito con la Gerencia Regional Forestal y de Fauna Silvestre de Ucayali.
La comunidad nativa Alto Esperanza, ubicada en el río Inuya, dio un paso clave para fortalecer la protección del bosque del que depende su forma de vida. Tras varios años de gestiones, suscribió el contrato de cesión en uso de sus tierras forestales y de protección con la Gerencia Regional Forestal y de Fauna Silvestre (GERFFS) del Gobierno Regional de Ucayali.
El contrato reconoce legalmente el derecho de la comunidad sobre 56 773 hectáreas de tierras de producción forestal y 247 hectáreas de protección, que forman parte de un territorio comunal de más de 65 mil hectáreas. Con ello culmina una etapa fundamental del proceso de saneamiento físico-legal de su territorio y brinda mayor seguridad jurídica para que la comunidad continúe gestionando y protegiendo el bosque que ha cuidado durante generaciones.
Un vínculo ancestral con el bosque
Durante generaciones, el bosque ha sido la base de la vida en Alto Esperanza. De él provienen los materiales para construir las viviendas, los alimentos que complementan la dieta familiar, las plantas medicinales y buena parte de los recursos que sostienen la vida cotidiana de la comunidad.
Vista aérea de la comunidad nativa Alto Esperanza, ubicada en el río Inuya, en la Amazonía peruana.
Sin embargo, aunque esa relación con el territorio ha existido siempre, aún era necesario completar el reconocimiento legal de las tierras forestales y de protección para consolidar la seguridad jurídica sobre estos espacios.
El 7 de julio marcó un paso decisivo para la comunidad. Sus representantes realizaron un largo viaje desde el río Inuya hasta Pucallpa para firmar el contrato de cesión en uso junto a la Gerencia Regional Forestal y de Fauna Silvestre.
Personal de la Gerencia Regional Forestal explica el contenido del contrato antes de su suscripción por parte del jefe de la comunidad.
"Con este documento podemos trabajar mejor nuestro bosque"
Para Ángel González Rodríguez, jefe de Alto Esperanza, el contrato representa una oportunidad para continuar gestionando el bosque del que depende su comunidad.
"Con este documento podemos trabajar mejor. Nos ayudará a manejar nuestro bosque. Podemos hacer nuestras casas con los árboles que tenemos y aprovechar los recursos para nuestra familia."
La cesión en uso no cambia la relación que la comunidad mantiene con el bosque; esa relación existe desde hace generaciones. Lo que sí cambia es que ahora cuenta con un respaldo legal que fortalece la gestión del territorio forestal, la vigilancia comunal y el aprovechamiento sostenible de sus recursos.
Como explica Marco González, comunero de Alto Esperanza, especies como la shapaja y otros árboles son utilizadas tradicionalmente para construir viviendas y techos. El bosque y las chacras también complementan la alimentación de las familias con fauna silvestre y cultivos tradicionales como yuca, plátano y maíz.
Reconocimiento a una labor de conservación que existe desde hace generaciones
Para Susan Alvarado del Castillo, responsable de Manejo Forestal Comunitario de la GERFFS, el contrato reconoce formalmente una labor de conservación que la comunidad ha desarrollado durante generaciones.
"La comunidad siempre ha cuidado estos bosques. Vive en ellos, los conoce desde una perspectiva ancestral y tiene sus propias formas de protegerlos. La cesión en uso fortalece esa labor al reconocer legalmente sus derechos sobre el territorio."
Este reconocimiento no crea una nueva relación entre la comunidad y el bosque. Lo que hace es otorgar respaldo legal a una forma de manejo y protección que Alto Esperanza ha ejercido desde mucho antes de la firma del contrato.
Un proceso construido durante varios años
Alto Esperanza pertenece al pueblo Amahuaca y es la primera comunidad donde habita población indígena en contacto inicial (PICI) en avanzar en este proceso de reconocimiento territorial, según informó el Ministerio de Cultura en 2022.
El camino hasta este momento tomó varios años. La comunidad fue reconocida oficialmente como comunidad nativa en 2016 y, desde entonces, avanzó en distintas etapas del saneamiento físico-legal de su territorio. Entre ellas se encuentran la demarcación territorial, la titulación de las áreas aptas para uso agropecuario y, finalmente, la suscripción del contrato de cesión en uso de las tierras forestales y de protección.
Este avance fue posible gracias al trabajo articulado entre la comunidad nativa Alto Esperanza, la Federación Indígena Alto Río Inuya–Mapuya (FIARIM), la Gerencia Regional Forestal y de Fauna Silvestre, la Dirección Regional de Agricultura de Ucayali, el Ministerio de Cultura y Upper Amazon Conservancy (UAC), organización que brindó acompañamiento técnico y legal durante el proceso.
Durante la ceremonia, la gerente regional forestal, Vilma Vilca Melchor, destacó la importancia de culminar esta etapa mediante la firma del contrato de cesión en uso. Por su parte, Raúl Vásquez, director de UAC, resaltó el esfuerzo conjunto entre la comunidad y las instituciones que hicieron posible este avance.
Lo que sigue para Alto Esperanza
Vista aérea del territorio comunal de Alto Esperanza, donde la comunidad protege y gestiona más de 57 mil hectáreas de bosque.
La firma del contrato culmina esta etapa del proceso de cesión en uso, pero el reconocimiento territorial aún continúa. Uno de los siguientes pasos será el redimensionamiento del Bosque de Producción Permanente (BPP), procedimiento que permitirá adecuar oficialmente los límites de esta categoría forestal al territorio comunal y avanzar en el proceso registral.
Al mismo tiempo, la comunidad continúa enfrentando desafíos cotidianos. Proteger un territorio de más de 65 mil hectáreas en una de las zonas más aisladas de la Amazonía peruana implica recorrer varios días de viaje entre el río Inuya y Pucallpa y mantener una vigilancia comunal permanente frente a las crecientes presiones sobre el bosque amazónico.
Para Alto Esperanza, este contrato no representa el final del camino. Es una herramienta que brinda mayor seguridad para seguir gestionando el bosque del que dependen su alimentación, su cultura y su forma de vida, mientras continúan las siguientes etapas del reconocimiento de su territorio.